El lector podría hacer el ejercicio de imaginar qué hubiera sucedido si a una murga se le diera por hacer ironías con los vuelos de la muerte del Plan Cóndor o con las violaciones grupales a presas políticas, crímenes ocurridos durante la última dictadura militar
Una famosa pintura de René Magritte, pintada en 1929, muestra una imagen en la que se representa, de forma parcialmente realista, una pipa con la frase Ceci n’est pas une pipe (Esto no es una pipa) indicando que el cuadro no es el objeto real, sino su representación.
- Las agrupaciones carnavaleras del Uruguay ya no cultivan el humor de antaño. En cierta medida, funcionan hoy como expresiones culturales alineadas con una izquierda políticamente correcta y con desvíos cada vez menos disimulados hacia el dogmatismo ideológico. En tiempos en que el respeto por la “diversidad” ocupa un lugar central en la agenda progresista (ya no se hacen chistes sobre homosexuales, “opas” o negros), estas agrupaciones recurren a la parodia para formular, entre otras gracias, editoriales contra la colectividad judía.
En 2025, los parodistas Caballeros llevaron a escena una caricatura de El mercader de Venecia, de William Shakespeare, considerada antisemita no necesariamente por los estudiosos del dramaturgo inglés, sino a la luz de las reseñas antisemitas de todas las épocas. Los parodistas explicaron que se trataba simplemente de “humor” y, más tarde, ofrecieron disculpas a quienes podían haberse sentido ofendidos.
No deja de ser pertinente preguntarse qué habría ocurrido si los destinatarios de la parodia hubieran sido colectivos transfeministas, personas queer o cualquier otra categoría al abrigo incondicional de la reparación histórica y la corrección política.
Por esas mismas fechas, un popular murguista uruguayo, convertido hoy en un exponente visible de la degradación del debate público, dedicó un puñado de versos al entonces presidente Luis Lacalle Pou. Desgranó un lenguaje pretendidamente satírico y alegórico, pero en verdad fueron insultos sin metáfora alguna. “No nombré a nadie”, argumentó el murguista. La piedra se arroja con rencor sordo, pero luego sus responsables callan y esconden sus manos.
- Este año, la murga Doña Bastarda —ganadora del primer premio de su categoría en el certamen de 2025— fue observada por el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), organismo que declaró su espectáculo Patria o tumba como no apto para todo público, por entender que “promovía la violencia”. Los reparos del INAU se aplicaron a este pasaje:
A matar y a cantar, / yo juro por mi patria, / aunque cueste y aunque duela, / tiro abajo las escuelas / y los hospitales vuelan. / Y donde la prensa insista / te fusilo periodistas. / Lamento si alguien se enoja, / rompo la Cruz Roja, / y a los que me llamen nazi, / sin tregua y sin compasión, / los encierro en una jaula / y los convierto en jabón.
El director del conjunto, Camilo Abellá, aseguró que el pasaje fue “sacado de contexto”. La murga presentó sus descargos y el INAU conformó un tribunal para revisar su decisión. Finalmente, el organismo resolvió que el espectáculo sí es apto para todo público.
Abellá fue consultado sobre qué quiso decir la murga con el pasaje que refiere a la conversión de personas “en jabón”, aludiendo a una metáfora sobre los crímenes del nazismo. Respondió: “Empieza desde un lugar romántico y termina en lo crudo. No deja de ser un hecho real y es una muestra de hasta dónde puede llegar el sentimiento exacerbado de patriotismo”. (…) “Estamos mencionando hechos sobre hasta dónde puede llegar ese nivel extremo de violencia y de odio”.
Los responsables de Doña Bastarda tienen toda la razón cuando se refieren a la gradualidad de la violencia en nombre del mantenimiento de una dictadura. Pero está claro que eligieron las violaciones consumadas por el nazismo, y no los crímenes cometidos por los Jemeres Rojos en el Vietnam de Pol Pot, el Holomodor causado por el estalinismo o la gradualidad que va desde el heroico asalto al cuartel Moncada hasta la putrefacción del régimen castrista. (Casualmente, “¡Patria o muerte!” fue el lema proclamado por Fidel durante el sepelio de las víctimas del sabotaje al buque La Coubre, en La Habana. Una “ironía” que le muerde la cola a la militancia oportunista.) Asimismo, rasgarse las vestiduras por la libre autodeterminación del pueblo venezolano mientras se omiten las torturas llevadas a cabo en el Rodeo I o en el Helicoide también sería “una muestra de hasta dónde puede llegar el sentimiento exacerbado” en defensa de un régimen despótico que condenó al exilio a 8 millones de sus habitantes.
3. A mediados de 2024, un profesor grado 5 del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes escribió en redes sociales que la directora nacional de Cultura del MEC era “nazi”. Un lector atento podría preguntarse si el pasaje “a los que me llamen nazi (…) los convierto en jabón” guarda alguna correspondencia simbólica con la denuncia penal presentada contra el docente por la entonces jerarca del ministerio.
La murga divulgó un comunicado oficial en el que afirmó: “Seguimos apostando al arte, a la ironía y al pensamiento crítico a través de la murga, un género que reivindicamos como parte de la cultura popular”. Respecto al hecho de que siguen confundiendo “Estado” con “gobierno” (desconocen las oposiciones entre un término y otro cuando dejan en evidencia su repudio al pueblo judío), y de que continúan ignorando la diferencia entre populismo y cultura popular, estas aristas laterales son, tal vez, para considerar en otro artículo. Y en lo que tiene que ver con la apuesta “al pensamiento crítico” (sic), en realidad vivimos entre el exceso de juicios descalificantes y la escasez de espejos, lo cual conduce a un exceso de carreras de peores (“vos mataste más gente”, etcétera), como si eso ayudara a blanquear las responsabilidades que le atañen a cada uno.
El lector podría hacer el ejercicio de imaginar (nuevamente) qué hubiera sucedido si a una murga se le diera por hacer ironías con los vuelos de la muerte del Plan Cóndor o con las violaciones grupales a presas políticas, crímenes ocurridos durante la última dictadura militar. Solamente con recordar lo que le ocurrió a un bar de Pocitos por haber colocado un cartel que decía “No se admiten perros ni mexicanos” (en referencia al filme Los ocho más odiados, de Quentin Tarantino) y las veloces diligencias de Rodrigo Arim y Fabiana Goyeneche para denunciar a los dueños del local y aplicarle medidas punitivas alcanza para imaginar las consecuencias que se pueden desprender de esa conjetura.
4. Miguel Brechner se sumó a la controversia y señaló un “antisemitismo subyacente” en una parte de la ciudadanía. El CAM (Comité Antisemitism Movement) también repudió el episodio: “La difusión de contenidos antisemitas durante el Carnaval es inaceptable. Ampararlos bajo la libertad artística banaliza la memoria histórica (…) y normaliza discursos de odio”. Dicho de otro modo: una “escalada”, para utilizar el término empleado por Abellá.
Sin embargo, no sería saludable para la convivencia democrática que se desconociera la vigencia de la libertad de expresión y se exigiera la censura. Coincido absolutamente con el actor británico Ricky Gervais cuando dice que se debería hacer humor negro y corrosivo con casi cualquier tema (por supuesto: una cosa es el humor negro extremo cuando sublima al tema-pretexto, y otra cosa muy distinta es mostrar la hilacha del rencor bajo una supuesta crítica al “sentimiento exacerbado de patriotismo”).
Pero en cualquier caso: la libertad de expresión debe ser irrenunciable. Ya la Constitución de la República prevé en su ordenamiento jurídico la responsabilidad de los autores ante eventuales daños y perjuicios. En el mundo ya existen colectivos, instituciones, gestores culturales, oenegés y gobiernos que empuñan la cancelación como un arma para imponer sus relatos, sus cuotas forzadas, sus “ideologías reparacionistas”, sus señalamientos furiosos o sus credos intolerantes.
No sería deseable caer en prohibiciones de ninguna naturaleza, habida cuenta de las rectificaciones que puedan solicitar aquellos que se sientan vulnerados.
5. “Esto no es una pipa”.
“Yo no fui”, dijo Bart Simpson en un episodio en el que se lo descubría con las manos en la masa.
“Esto es humor”. “Esto es ironía”. Esto es el Carnaval uruguayo.
Oscar Larroca es artista visual y ensayista